Tierra de xayacates

Ostula fue fundada en 1531, el mismo año que la virgen de Guadalupe llegó a la Nueva España. La comunidad adopta, con el tiempo, a esta virgen como la matrona y la celebra cada 12 de diciembre. Foto: Scott Brennan

Tierra de xayacates

 

El resurgimiento de la comunidad de Santa María Ostula

 

 

Producción: Heriberto Paredes

Fotografía: Scott Brennan

Agosto 11, 2019

 

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Lectura de 19 minutos 

 

 PUEBLOS INDÍGENAS

Hablar sobre el México actual remite insistentemente a las historias de violencia sin fin, a la desazón de un país sumido en desigualdades, escenarios de conflictividad constante y una clase política anquilosada en la corrupción y en la poca capacidad –voluntaria o involuntaria– para atender las necesidades sociales. En este contexto es cada vez más común escuchar sobre el despojo de tierras a una población, sea para imponer un megaproyecto de infraestructura o para el cultivo de plantas como la amapola. Sin embargo, aún desde el centro de la violencia emergen algunos oasis en donde se reconstruye el tejido social y poco a poco se construye la paz.

Éste es el relato reciente de Santa María Ostula, protagonista de esta historia. Ubicada en la región de la sierra-costa de Michoacán, entre parcelas de papaya, jamaica y maíz, esta comunidad ha luchado por la recuperación de su territorio y por la reconstrucción de su tejido social. Actualmente desarrolla una planificación para gestionar internamente proyectos educativos, de cultura y de salud, incluyendo la salud mental comunitaria, así como la reapropiación de tradiciones como la alfarería, bordados y la recuperación del náhuatl en las escuelas.

La región goza de una amplia riqueza natural y de buen clima, de junio a octubre es la temporada de lluvias y el resto del año el clima se mantiene caluroso en el día y fresco por las noches. Foto: Scott Brennan

El 29 de junio de 2009, la comunidad indígena de Santa María Ostula recuperó alrededor de mil 250 hectáreas, tierras que eran usadas por una triada compuesta de miembros del Partido Revolucionario Institucional (PRI), habitantes mestizos de una población cercana y que se adjudicaron la propiedad del territorio en disputa, y finalmente por integrantes de la organización criminal conocida como Caballeros Templarios.

 

Situada en el municipio de Aquila, en el estado de Michoacán, la comunidad nahua se compone, en su interior, de 22 encargaturas y una jefatura de tenencia, mismas que se reparten en un territorio tanto de sierra como de costa. En Ostula existen al día de hoy, al menos 38 concesiones mineras expedidas por la Secretaría de Economía, se han intentado desarrollar complejos turísticos y su localización estratégica entre el puerto de Lázaro Cárdenas y el de Manzanillo (Colima) la convierte en un objetivo de disputa y despojo.

 

Una variedad de personajes formaba parte de cada una de las patas de esta mesa que representa la violencia organizada. Por ejemplo, Mario Álvarez, apodado El Chacal, fue presidente municipal dos veces (entre 1993 y 1995 y entre 2005 y 2007), candidato a diputado por el distrito 21 de Michoacán, y es también responsable, como autor intelectual, de al menos 38 asesinatos de personas originarias de Ostula relacionadas con la recuperación de aquellas tierras que hoy se conocen como San Diego Xayacalan y que antes eran referidas como La Salia o La Camaguancera.

 

Hasta el momento solo una persona está presa y es sujeta a un proceso por delitos como asesinato, secuestro y crimen organizado. Federico González, alias Lico, era el operador del Chacal, así lo testifican comuneras y comuneros que sobrevivieron a los años de violencia que se desataron tras la recuperación de las tierras.

Según una reciente investigación hecha por la periodista Laura Castellanos, en los últimos diez años, de los 125 defensores medioambientales asesinados en México, 82 eran originarios de pueblos indígenas y de estos casi la mitad eran de Ostula. Foto: Scott Brennan

El año más duro para la comunidad fue 2011, cuando quince personas fueron asesinadas y una buena parte de las familias se desplazó, hacia Jalisco o Colima.

 

El 8 de febrero de 2014, en el contexto de los levantamientos armados de autodefensas, antiguos miembros de una guardia comunal, desmembrada en 2009 por los Caballeros Templarios, se reorganizaron y regresaron a la región de la sierra-costa para poner fin a esta etapa de duro asedio. Lograron tomar el control del territorio y comenzó una etapa –vigente hasta ahora– en donde las familias desplazadas regresan y poco a poco la tranquilidad se restablece.

 

Estas son cuatro historias de indígenas nahuas cuyas experiencias ayudan a dimensionar la violencia vivida en Ostula, pero, sobre todo, hablan de la férrea necedad de defender su comunidad, su territorio y la vida.

 

Yola

 

Son raras las ocasiones en que El Amparo del Surf está cerrado, a veces ocurre sin embargo, por una fiesta o porque Yola tiene reunión con el grupo de mujeres. En la playa de La Ticla, aunque sea temporada baja en el turismo, siempre hay uno que otro surfer despistado que viaja desde Australia, Sudáfrica, California o Alemania para montar las extraordinarias olas que este pedazo de la costa michoacana ofrece: olas que van en dos direcciones opuestas y que hacen de la playa uno de los lugares más interesantes del mundo para surfear.

 

Yola abre el restaurante y limpia minuciosamente las mesas, acomoda las sillas y empieza a preparar los primeros cafés y desayunos, porque si hay una constante entre los visitantes extranjeros, es que empiezan temprano. Las primeras horas de la jornada es ella quien atiende y al terminar su día de escuela tres de sus hijos llegan a ayudarle a lavar los trastes y se turnan para cocinar. La música suena de fondo y la vida de costa se reproduce sin que ningún contratiempo lo impida.

 

Se trata de tiempos mejores. “A mí me gustó mucho mi infancia, podía salir de casa sin preocupación, jugaba con otros niños y no había ningún problema, ahora mis hijos también son libres, salen de su casa y pasean y no pasa nada, no tenemos preocupación”.

 

No siempre fue así, durante un periodo de tiempo la violencia asoló a la comunidad de Ostula y obligó a muchas familias a desplazarse, por miedo o por amenazas de muerte. Cuando la comunidad recuperó sus tierras comunales y se fundó la encargatura de Xayacalan en junio de 2009, la violencia organizada de pequeños propietarios, Caballeros Templarios y miembros del PRI se desató como una ola gigante que casi ahoga a la comunidad.

 

Yola no se fue, se mantuvo muy cautelosa y no fue amenazada directamente, sin embargo, miembros de esta triada ocuparon su restaurante, le impidieron trabajar, invadieron también los cuartos que normalmente administra junto a su padre, don Apolinar, y que les sirven de morada a los turistas y visitantes.

Yolanda y su familia resistieron el asesinato de su hermano Teódulo y las amenazas de los Caballeros Templarios. Les arrebataron cabañas turísticas y un restaurante que es su fuente de ingresos. Pero ella sigue en la comunidad. Se levanta temprano y ahora atiende el restaurante recuperado. Cuando es temporada, pesca gardumos, pequeños peces que salen del mar en la boca del río Ostula. Foto: Heriberto Paredes

Aquellos andaban aquí, entraban y salían, no podíamos venir para acá para la playa, teníamos que quedarnos encerrados en casa. Había toque de queda y ellos se paseaban con sus camionetas y sus armas, y nosotros teníamos que agachar la cabeza”, me cuenta Yola mientras pasamos una tarde soleada bajo la techumbre de su restaurante.

 

De los cuatro hijos que tiene, uno es ya un universitario que estudia en la capital del estado, el siguiente está en la preparatoria y los dos más pequeños se ven muy contentos en la comunidad, platicando con toda la gente que llega. Para Gabriel, el hijo mayor, el periodo de violencia fue muy confuso, él se sentía en riesgo porque tenía miedo de ser reclutado por la maña, “pasaban armados a toda velocidad y yo vi varias veces cómo le dispararon a gente en la plaza de aquí, de la Ticla”.

 

A pesar de que Yola y sus hijos no fueron agredidos directamente, don Apolinar fue amenazado y gravemente golpeado, su nombre estaba escrito en una lista de las personas asesinables. El hermano mayor de Yola, Teódulo Santos fue asesinado el 15 de mayo de 2012, su nombre también estaba en esta lista y en su caso, aquellos sí cumplieron su cometido.

 

Hoy Yola ha reflexionado mucho sobre los años de violencia que se desataron a raíz de que la comunidad decidió consolidar su guardia comunal y enfrentar al crimen organizado recuperando las tierras que les corresponden, según lo indican una ordenanza virreinal de 1773 y una resolución presidencial de 1964, documentos que sustentan la lucha de la comunidad por la defensa del territorio.

 

“Han regresado las fiestas, las tradiciones, nos ha costado mucho dolor y hemos perdido a gente muy querida e importante pero la comunidad está fuerte y muy unida, organizada y lista para seguir defendiendo nuestro territorio”.

 

Germán

 

“La necesidad es la que nos tiene haciendo esto, en lo personal no creo que pueda volver a ser maestro, siempre va a haber esta necesidad de defender la comunidad y entonces voy a seguir en esto” dice el comandante Germán, mientras vamos de camino a un patrullaje de rutina en la frontera sur de la comunidad.

Los xayacates son la firma de la comunidad, quien vea a estos personajes sabe que las y los nahuas organizados de la costa están ahí. Foto: Scott Brennan

Desde el 19 de julio de 2015, cuando Ostula padeció un operativo conjunto entre policía estatal, ejército y marina, con un saldo de once personas detenidas y un niño de doce años asesinado, Hidelberto Reyes, así como la detención de uno de los comandantes de la Guardia Comunal, Cemeí Verdía, Germán se hizo cargo de la seguridad de su comunidad y desde entonces atiende esta necesidad sin descanso alguno.

 

A través de una asamblea de emergencia, Germán asumió la responsabilidad de garantizar la seguridad de su comunidad y la de la región sierra-costa, una tarea que hasta ahora no ha abandonado a pesar de los constantes ataques por parte de las instituciones de seguridad del estado, quienes ven en él un impedimento para reconfigurar la geografía económica que permita que los negocios continúen.

 

Formado en el magisterio michoacano, Germán tuvo una corta temporada como maestro, sin embargo fue lo suficientemente contundente como para lograr que algunos de sus alumnos se sumaran a las labores de seguridad que requiere el extenso territorio con recursos naturales acuíferos, minerales e intereses geopolíticos.

 

Hijo mayor de otro maestro, Diego Ramírez, Germán sostiene que el recuerdo de su padre, quien fuera asesinado por los Caballeros Templarios en julio de 2008, es fundamental para darle sentido a su esfuerzo y dedicación. Como representante de la comisión responsable de organizar la recuperación de tierras, don Diego fue el primer objetivo de la violencia organizada y su cuerpo fue encontrado en una playa de la encargatura que hoy lleva su nombre, San Diego Xayacalan.

En Ostula muchas personas se forman dentro del magisterio y cumplen una labor de servicio y formación muy importante. Foto: de Scott Brennan

Entre 2015 y 2019, Germán, conocido como el comandante Toro, ha encabezado la defensa de la comunidad a partir del fortalecimiento de la guardia comunal, pero sobre todo al plantear una estrategia regional en la que la reducción de delitos se debe al constante patrullaje y a la implicación de los elementos de seguridad en cada una de las peticiones y llamadas que les hacen, por una razón concreta: quienes componen la guardia comunal, y en algún momento también fueron autodefensas, son originarios de esta zona, por lo que son ellos los primeros en desear que la inseguridad se acabe.

 

Contrario a la implementación de la estrategia de mando único que intentó imponer Enrique Peña Nieto en todo el país, resistirse a esta configuración le trajo las amenazas de los funcionarios de seguridad, tanto de Michoacán como de la federación. Sin embargo, la petición que Germán ha repetido en innumerables ocasiones es muy simple: necesita apoyo para que pueda hacer su trabajo, para que se puedan mantener los niveles de cero delincuencia que se tuvieron durante tres años.

 

Nombrado por el ex alcalde de Aquila, José Luis Arteaga, como director de seguridad en el municipio, Germán construyó los acuerdos necesarios para que hubiese una coordinación entre los cuerpos de seguridad de los municipios colindantes de Coahuayana y Chinicuila, y de esta manera fracturar los intentos de los criminales locales por retomar las rutas de trasiego de drogas y la explotación ilegal de minas clandestinas, así como el tráfico de maderas preciosas.

 

La estrategia fue tan buena que también los intentos de despojo que se presentan como legales (concesiones mineras, proyectos de complejos turísticos, la consolidación de una zona económica controlada por capital extranjero, entre otros) se vieron imposibilitados. En este sentido, la comunidad de Ostula, con Germán a la cabeza de la seguridad y protección del territorio, se convirtió en una gran piedra en el zapato para diversos intereses económicos y políticos que se disputan el control de la región. No solo se trata de intereses de negocios ilegales sino de una legalidad criminal que quiere imponerse a toda costa.

Gavilán no es de Ostula, pero desde hace ya muchos años decidió enfrentarse al crimen organizado y la guardia comunal lo ha adoptado cariñosamente. Foto: Scott Brennan

“Nosotros no vamos a permitir que regresen los criminales, sabemos dónde están y vamos a combatir cualquier mal que aqueje a la comunidad y a la región. Es nuestro deber y no queremos que regrese la violencia a estas tierras”. Expone de manera contundente Germán.

 

Socorro

 

En octubre de 2016 el Congreso Nacional Indígena (CNI) tuvo una asamblea de varios días y como resultado dio a conocer una propuesta de participación política por demás polémica: la construcción de un Concejo Indígena de Gobierno (CIG) con miembros de cada uno de los pueblos indígenas del país, que para participar en la contienda electoral de julio de 2018 estuvieran representados por una vocera.

 

La idea de que los pueblos indígenas participaran en las elecciones y que esto fuera una propuesta del CNI, desató desencuentros en las posturas de analistas, líderes de opinión y de militantes de todo tipo de corrientes políticas. Finalmente, luego de una nueva reunión del CNI, en mayo de 2017, una primera versión del CIG fue dada a conocer junto con quien sería la vocera de esta iniciativa: María de Jesús Patricio, Marichuy, como le conocen las personas cercanas.

 

En este Concejo está Socorro, una mujer de sonrisa permanente, originaria de la encargatura de Palma Sola. Como concejala del CIG, recorrió el país al lado de Marichuy, llevó la historia de lucha de la comunidad de Ostula a muchos foros e instancias y también trajo de vuelta los aprendizajes de estos recorridos a su comunidad.

 

Al interior, ella misma se volvió un referente para que otras mujeres participen y se abran camino en espacios que tradicionalmente son ocupados por hombres. Socorro es parte activa del Consejo Comunal que analiza las decisiones de la comunidad y todo lo referente a ella. Es decir, es una voz de consulta y de mucho respeto. También fue encargada de la Jefatura de Tenencia de Ostula durante un año, por lo que las decisiones administrativas tenían que pasar por su gestión y revisión.

Cada año, poco antes de la temporada de lluvias se acostumbra recolectar un pequeño pez de río llamado gardumo, esta es ya una tradición que toda la comunidad recrea. Foto: Scott Brennan

Aunque es el comienzo de la transformación del papel de las mujeres al interior de la comunidad, Soco es un ejemplo que influye en otras comuneras, quienes, aunque no siempre estén interesadas en ocupar cargos, sí lo están en ser partícipes de la toma de decisiones y en que su palabra sea escuchada en las asambleas que rigen la organización de Ostula.

 

“Sería bueno que se organizaran talleres sobre autonomía, comparticiones para que la comunidad tuviera más idea de cómo se construye. Ha sido muy importante conocer todas las experiencias de los pueblos indígenas para poder compartirlas con la comunidad y que también allá se sepa que estamos luchando contra la violencia y para defender nuestro territorio”. Soco vive frente al mar, en una de las encargaturas de Ostula más visitadas por el turismo. Ella entra y sale de casa, asiste a las asambleas y a las reuniones para discutir los ámbitos comunales de la vida cotidiana y cada vez más, otras compañeras comparten su entusiasmo, su vitalidad y su fuerza para hacerse escuchar.

Socorro es una embajadora de su comunidad. Foto: Heriberto Paredes

Teódulo

 

–Compadre, me voy a parar en el panteón, necesito pasar a visitar la tumba de mi madre.

 

–Vamos tarde, no chingues, necesitamos apurarnos, ya nomás faltas tú, que eres el festejado. Ya ves luego cómo se ponen cuando te tardas…

 

–Ya sé, pero no me tardo, es algo importante, tengo un presentimiento. Mira ya llegamos Rafa, espérame aquí, ya luego le metemos pata y llegamos rápido. No hay cuete.

 

–Córrele, antes de que se haga de noche y Paty se encabrone más. Me va a echar la culpa, ya verás.

 

Ese día era mi cumpleaños, Rafa me acompañó todo el día y ya en la tarde me estaban esperando en la casa, allá arriba, en Ostula, nos retrasamos por mi culpa, pero la verdad es que no podía dejar de pasar a visitar a mi mamá. Soñé mucho con ella en esos días, me hablaba pero yo no escuchaba lo que me decía, lo que sí me acordaba es que estábamos en su tumba, ella venía y me hablaba.

 

Así que fui ese día, cuando cumplí 50 años y toda mi familia me estaba esperando para comer. Entré al panteón y fui directamente a donde está la tumba, me senté ahí al lado y esperé, cerré los ojos y esperé a ver si me hablaba. De pronto empecé a escucharla, con la voz bajita pero ahora sí escuchaba.

 

–Teódulo, trata de dejar todo arreglado, ya casi vas a venir en donde estoy. No te preocupes, todo va a ser muy rápido. Pronto nos reuniremos.

Las familias que perdieron a un familiar comenzaron a trabajar en la sanación, personal y comunitaria a partir de la reflexión del dolor. Foto: Scott Brennan

Salí con la panza revuelta, pero más o menos tranquilo, Rafa estaba desesperado, fumando como siempre (quien sabe cuántos cigarros se fuma al día). En cuanto salí del panteón se subió al carro y nos arrancamos para llegar a la fiesta. Me preguntó si había logrado hablar con mi mamá, pero yo no pude decirle mucho, le dije que sí pero que no le había entendido muy bien.

 

–Estás loco, cabrón, nomás falta que te hablen los difuntos. Hay que apurarnos porque ya sabes cómo está la cosa, a aquellos no les gusta que anden en la carretera carros que no sean los suyos, y tu troca ya está bien marcada.

 

–Ya sé, esta gente no va a entender nunca que nos tienen que dejar en paz, que no vamos a dejarles las tierras y que no son bienvenidos. Que vayan a hacer sus cosas a otro lado, pero que nos dejen tranquilos, y bueno, que al menos ya no nos maten a nadie.

 

–¿Cuántos van?

 

–No sabemos muy bien, hay algunos que no aparecen y pues el último fue el Maizón, ni la caravana en la que venía pudo parar a estos pinches malandros. Pero vamos a defender a la comunidad, ya tenemos nuestra guardia y no podemos rendirnos.

 

–Ten cuidado, cabrón, a ti ya te tienen en la lista, ya ves que te lo han dicho muchas veces, y aunque hagan mucho alarde no debes descuidarte.

La vida en la comunidad está siempre marcada por la música, sin ella se recuerda el periodo de violencia y de ocupación de los Caballeros Templarios. Foto: Scott Brennan

El día de mi velorio, esta gente volvió a hacer sus cosas, no le permitieron hacer ningún ruido a la gente que acompañaba la pequeña procesión donde cargaban mi cajón. Mucha gente tenía miedo y no se atrevió a dejar su casa, pero los que sí salieron tenían que ir calladitos, con la cabeza agachada casi.

 

Cerca del panteón había un muchacho con una camioneta blanca, como la mía, pero más nueva, estaba estacionado en la cuneta y tenía las puertas abiertas, el radio prendido a todo volumen y se veían varios muchachos armados, quien sabe si alguno de ellos fue quien me mató, desde donde estoy no alcanzo a ver eso. Lo que sí pude percibir es que mi compadre Rafa no se aguantó y gritó ¡Zapata vive, la lucha sigue!

 

Fue muy difícil impedir que me mataran. Al final ni Mario Álvarez ni Lico soportaron perder tantas tierras que querían seguir usando para sus negocios. Pensaron que matando a los que ayudamos a recuperar las tierras, se las daríamos de vuelta. Pero no fue así, y no será así.

Don Apolinar sostiene la foto de su hijo Teódulo. Desde que ya no está, cada año su familia le rinde un pequeño homenaje al que asisten muchas personas. Foto: Heriberto Paredes

Las batallas de la salia

 

Cada amanecer, en la costa o en la sierra, muestra en los primeros minutos de luz a un puñado de gente que se levanta y que recrea la necesidad de la tierra, de las playas, de las parcelas recién sembradas o a punto de ser cosechadas, la necesidad de preparar la comida y de que las y los niños vayan a la escuela, tomen sus clases en español pero también en náhuatl, lengua que poco a poco se recupera.

 

Y durante el atardecer, algunos comercios cierran, otros se abren para atender en un nuevo turno al turista que convive tranquilo en los paradores de algunas encargaturas. Si es temporada de alguna fiesta, entonces las luces se encienden en las techumbres de palma y los adornos de papel, las vírgenes y los santos cobran otros tonos más brillantes.

 

Al menos dos veces al año, la aparición de los personajes conocidos como xayacates es una presencia que incomoda al que representa el poder opresor. Son burlones y desastrosos, burlones del orden impuesto y cuidadosos con revertirlo, usan máscaras de trapo o de corteza de árbol, llevan colgadas dos cananas cargadas de limones y plátanos que embarran al más descuidado del grupo al que se acercan. Corren, se separan y se reagrupan.

 

Cuando la comunidad recuperó las tierras que le pertenecen, fueron los xayacates los que entraron bailando y detrás se posicionó la comunidad ante el atrevimiento de desafiar al poder político-criminal.

 

Después de una década de lucha, de pérdidas, de desplazamientos y de dolores, la comunidad de Santa María Ostula mantiene su firmeza y su disposición para salir adelante. La vida cotidiana ahí es tranquila, está sumida en cosas sencillas: de vez en cuando bajar cocos y beberlos para refrescarse, pescar, ir a la parcela o de vez en cuando hacer una expedición a otras localidades cercanas para abastecer las tiendas.

La guardia comunal, creada en 2009, ahora se encuentra con una amplia participación de miembros de la comunidad en periodos de un año y no reciben salario, sino que es un trabajo comunitario voluntario. Foto: Scott Brennan

Muchas niñas y niños juegan en los canales de riego y en los árboles, se bañan en los ríos y en el mar, aprenden el arte de usar la atarraya o de tejer los equipales con madera. La vida pasa tranquila, sin embargo, existe siempre la sutil tensión del regreso de la violencia y de que nuevos capítulos de muerte y despojo sucedan ante la posibilidad del regreso de grupos criminales, incluyendo a los partidos políticos.

 

Ostula dejó en claro que es capaz de responder a sus necesidades internas de manera colectiva a través de sus instituciones comunales, de igual forma que ha consolidado, en especial, un sistema de seguridad que, aunque no carece de complicaciones, logró en cuatro años lo que décadas de gobiernos partidistas nunca llevaron a cabo.

 

La encrucijada entre ceder su seguridad por una tregua (que siempre será a corto plazo) con el Estado o de consolidar su autonomía fuera de los márgenes clásicos, es sin duda el reto que enfrenta la comunidad en la actualidad. Trascender el horizonte de la defensa específica a partir de la Guardia Comunal hacia la consolidación de la autonomía en otras esferas como la salud, la educación, la cultura, la justicia es parte de lo que hoy se discute bajo las techumbres que protegen del sol.

El arma más poderosa de la comunidad es la organización y preservación de su cultura a través de la educación y la participación.  Foto: Scott Brennan


Tú puedes involucrarte:

  • Puedes seguir las novedades de la comunidad a través de su página de Facebook Comunicación Ostula y difundir lo que ahí se publica.
  • En poco tiempo la comunidad y el Colectivo de Acción Comunitaria (formado por miembros de la comunidad y compas solidarias/os) comenzarán una campaña de recaudación de fondos para iniciar la remodelación de algunas casas que fueron usadas por el crimen organizado y que ahora se pueden convertir en casas de cultura en donde se llevarán a cabo talleres de distintos oficios y conocimientos, así como otras actividades que decida la comunidad. En Comunicación Ostula se informará de todos los detalles.

Heriberto Paredes es fotógrafo y periodista. Con 10 años de trayectoria, se mantiene independiente y colabora con distintos medios en México y en países como Estados Unidos, Alemania, Noruega, Bélgica, Holanda, Brasil y Guatemala. Trabaja temas relacionados con pueblos indígenas y con los efectos de la violencia en su país y en la región centroamericana, tales como asesinatos, desaparición, tráfico de armas, traslado de materias primas para la producción de drogas, migración y los esfuerzos de las comunidades por salir de estos escenarios.  Desde 2009 ha documentado los distintos levantamientos y luchas por la autonomía en Michoacán y Guerrero.

Scott Brennan es fotoperiodista basado en México. Ha colaborado en diversos medios, como: New York Times, The Washington Post, Amnistía Internacional, El BBC, revista Time, Zuma Press, revista Zeke, The Ground Truth Project, y Visual Anthropology Review entre otros. Su proyecto está respaldado por The Blue Earth Alliance, ganó primer lugar de Pictures of the Year International’s- 2017 en la categoría de Desarrollo Comunitario y recibió el Documentary Project Fund- 2018.