
Entonces el problema no es la gente, ni la ignorancia. Es la negación de acceso al libro, ¿cómo conocer lo que no existe? La Brigada para Leer en Libertad es una asociación civil de militancia cultural que se dio cuenta de este problema. En sus diez años de historia, han puesto en circulación más de un millón de libros que llegaron a sus lectores de manera no obligada. Es un proyecto dedicado a propiciar una relación lector-libro a partir de un trabajo de contigüidad. Ha permitido la afinidad natural entre la gente, la curiosidad, los libros y sus autores, logrando así desmantelar los mitos y las trabas de un sistema político-económico al que pareciera convenir un pueblo que no lee.

El prejuicio a la lectura se ha cimentado en el grueso de la población debido a la alienación del libro, trabajando con mecanismos como los precios inaccesibles, bibliotecas y librerías que dificultan el acercamiento a los libros, la obligación durante la vida escolar con lecturas demasiado complejas, entre otras estrategias que glorifican y vuelven al objeto intocable e inasequible. En el proyecto de la brigada, la preocupación es el lector y no el libro. Se ve más allá del canon y lo tradicional, se pone una atención real en las personas y sus intereses, no se busca cumplirle a un programa institucional y burocrático.
En la brigada este acto de gravitación hacia el libro se basa en un criterio de lector. Los libros abundan y para gustos los colores. En este proceso, los brigadistas pasan por un ejercicio individual de empatizar con aquel que se acerca por primera vez a la lectura. Un ejercicio generoso y placentero de pensar en el otro, hacerle unas cuantas preguntas, y de todo lo leído en la vida, hacer una recomendación que al novato lector le dé suficientes ganas de leer. Este momento, aunque ambientado en lo romántico, es ambiguo. Se está jugando la vida de un libro que puede quedar en un estante y empolvarse, o cobrar vida por las horas que se lea y se relea: el libro correcto en el momento preciso puede darle un vuelco a los abismos diarios. A la vez, resulta una manifestación de valentía por parte de aquel que se arma de valor para preguntar y dejar al revelar su desconocimiento. La brigada se encuentra en el cruce de caminos entre la aversión del pisapapeles elitista y el descubrimiento de los mundos dentro de otros mundos.
La brigada
Es un proyecto de quince personas todólogas con roles enfocados mas no definidos: Daniela, Beatriz, Rosita, Alicia, Arón, Eduardo, Penagos, Claudia, Oscar, Ezra, Marina, Paco, Paloma, Salvador (EPD), Belarmino y José Ramón. A este núcleo principal se le suman más de 150 escritores, periodistas e intelectuales que apoyan en las conferencias y eventos, que van a donde se les pide de manera gratuita y le dan contenido intelectual a las ferias y eventos de la brigada. A esto se le agregan algunas librerías de viejo que participan tanto en las ferias como en el trabajo de conseguir libros. En la siguiente capa se encuentra la organización Rosa Luxemburgo, que brinda sustento económico para el trabajo editorial de la brigada. Finalmente está la sociedad civil, que, aunque no apoya directamente con trabajo, aporta con donaciones, asistencia y soporte colectivo tanto en redes sociales como en los eventos.
Otra sección itinerante son los voluntarios y observadores que van y vienen. Pocos permanecen largas temporadas, pues la brigada es un equipo de trabajo particular, en donde el núcleo principal de brigadistas funciona de manera compenetrada y flexible; cada elemento se ordena de manera independiente respecto a los demás y encuentra su orden por sí solo. Trabajan en formación tortuga, caminando diario hacia los distintos rumbos de la Ciudad de México. Armando ferias y tertulias en la calle; donde están las personas; donde caminan y conviven.
Hay gente que busca replicar el modelo del proyecto, sin embargo, la mayoría fracasa. En gran parte tiene que ver con el universo de actividades generado por la brigada, y que no tiene intenciones de lucro, no plantea un sistema de negocio en su modus operandi o tiene una finalidad de editorial comercial. Va más allá de la concepción tradicional, donde el objeto libro no es un producto de venta, sino la herramienta de trabajo y transformación. Es una militancia cultural, tal vez una pequeña utopía que habita dentro de una afluencia de libros. Es un espacio de experimentación en donde se trabaja en la relación entre el libro y la gente; los resultados dictan los siguientes pasos de la brigada. Estos experimentos se convierten en programas, como abuelas lectoras, los programas de lectura y creación literaria con policías, el Lee mientras viajas, antologías realizadas con ADO o el tendedero de poesía, en el que, durante las ferias del libro, la gente lee poemas colgados como ropa al sol, toma el que más le gusta y se lo lleva a su casa, para releerlo, regalarlo o simplemente porque algo les conmovió.
La Brigada para Leer en Libertad surgió en 2009 en el comedor de Paloma Sáiz y Paco Ignacio Taibo II, después de que a raíz de problemas burocráticos, un grupo de gente dedicada a la promoción de la lectura, entre ellos la misma Paloma, fueron despedidos de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México. Decididos a continuar con el trabajo que les apasionaba y creían importante, formaron una asociación civil dedicada al fomento de la lectura y la recuperación de la historia de México. De un momento a otro, casi sin darse cuenta, la brigada comenzó a funcionar y veinte días antes de su fundación oficial, ya habían hecho diez conferencias y eventos sin tener un peso de presupuesto.
Los siguientes pasos fueron los tianguis de libros, un formato pequeño de feria del libro callejera, con la característica imprescindible de tener contenido, es decir, ponencias, discusiones y conferencias en donde escritores e intelectuales hicieran uso de la palabra, para socializar con la gente, ir más allá del libro y acercar las ideas a las personas. Con esto, se logró comenzar el proceso de desmitificación de los elementos tradicionales de la literatura. Los autores se acercaron al público, se bajaron del pedestal y se volvieron personas. El libro ya no era un bloque de palabras, sino un objeto de interés, comprensible y que proponía un vínculo. Con el tiempo y el apoyo de distintas delegaciones de la Ciudad de México, estos tianguis fueron creciendo a ferias, que luego se transformaron en ferias internacionales, donde se incluían exponentes de otros países, música y otros tipos de actividades necesarias para el festejo cultural.

El elemento fundamental y acierto de los tianguis o ferias del libro, fue el precio accesible obligatorio. La capacidad de cualquier persona para adquirir un ejemplar desde cinco, diez o veinte pesos; que permitiera el flujo de la curiosidad y erradicara el castigo económico del libro. Se volvía entonces, una oferta difícil de rechazar y cualquiera estaba en facultades para incursionar en objeto tan oscurecido. Provocaba a que la gente preguntara, que se diera cuenta de que la cultura y los libros no deben ser un tema elitista, sino una construcción social que involucra a todos los sectores de la población; que el miedo de no saber es normal y se puede resolver. Las personas acostumbradas a que todo tiene un precio e intimidadas por las dificultades económicas, preferían no decir nada, creando así una espiral de silencio.
Parte del éxito de estas ferias, se debió a la experiencia previa de Paco Ignacio Taibo II con la Semana Negra en Gijón, España. Un pueblo de 300 mil habitantes, dedicado a la minería de carbón y la construcción de barcos que entró en una crisis industrial en los ochenta y se quedó sin afluencia económica. Ante esta situación, el gobierno decidió apostarle a la cultura y por iniciativa de Paco, crearon la Semana Negra. Un festival que tenía como estandarte la novela negra y se llevaba a cabo en las calles, en el exterior y a la mano de todos. La idea plural de la Semana Negra tuvo gran éxito y creció hasta convertirse un evento internacional y parte esencial de la economía de Gijón. A partir de este modelo se conciben las iniciativas de la brigada como eventos populares necesariamente cerca de la gente.

Asistentes guiados por el placer en torno a la palabra (foto: Étienne von Bertrab)
Las ferias son espacios donde hay un encuentro de lectores, donde estos se reconocen y el hecho de conectar con otros le dan fuerza y coherencia a la actividad lectora. Son eventos en la calle donde cualquiera que vaya pasando y sienta algún tipo de interés, pueda llevarse un libro a casa, de escuchar alguna opinión que lo haga resonar o que comience a normalizar la lectura como un acto cotidiano y al libro como un objeto asequible. Es un lugar en donde desde los tenderos hasta los policías pueden salir con ganas de leer, con libros o poemas, habiendo conocido a un escritor o simplemente tras haber paseado entre estantes llenos de vida en potencia.
Entre otros de los exitosos experimentos de la brigada, se realizaron los primeros remates de libros, que consistían en el llamado a casas editoriales, grandes o pequeñas, que iban a destruir todos los libros no vendidos y embodegados que generaban impuestos. Dentro del marco de la feria se realizaba una vendimia masiva de libros nuevos a precios que iban desde la mitad hasta la décima parte de su valor en librerías. Esto debido a que la donación de libros o bienes en este país es tan compleja que lo más fácil es desintegrarlos, pues en la lógica de mercado dominante no es conveniente donar. Las cosas que se venden no se regalan, sin embargo, una vez más la brigada rompió con el convencionalismo y le dio esperanza de vida a libros que de otra manera no estarían más en este mundo.
Dentro de los primeros proyectos se encuentra la editorial, en la que todos los títulos son de libre descarga en la página web de la Brigada para Leer en Libertad, y los derechos de autor de cada libro fueron donados por los mismos escritores. Los libros son editados por miembros de la brigada y se imprimen gracias al apoyo económico que brinda la organización Rosa Luxemburgo, o de lo que se cobra a los libreros durante las ferias. Estos libros se obsequian después de una conferencia o tertulia, es decir, es un regalo que va precedido de una explicación y de la incorporación del nuevo lector al universo de ideas que trata el autor del libro. De esta manera no resultan objetos ajenos e indescifrables, sino que desde el momento en que se decide permanecer en dicha conferencia, comienza la creación de un vínculo entre lectores, libros y autores que culminará con la lectura.
Las bibliotecas
Las bibliotecas son quizá la labor con mayor capacidad de esparcimiento e impacto colectivo que genera la brigada. Se crean a partir de donaciones de la sociedad civil, por lo general durante las ferias o de donaciones personales, y consisten en la creación de bibliotecas para espacios como escuelas o colectivos que de otra manera no serían capaces de conseguir el material de estudio.
Y es que, en palabras de Paco Ignacio Taibo, existen dos tipos de bibliotecas: las bibliotecas muertas, aquellas en que los libros no tienen movimiento y no generan vida; en donde los textos se quedan estáticos y las ideas no se derraman de los significados, los lugares comunes se vuelven únicos, precisos, infranqueables; las palabras se quedan empalmadas entre páginas. En cambio, las bibliotecas vivas son aquellas que generan movimiento, lectura, ideas, educación sentimental, criterio, sus libros se usan y pasan por muchos ojos. Tienen una selección elástica que se adecúa a la situación de cada colectivo. Para escuelas de educación básica o media, se seleccionan enciclopedias universales para que se puedan hacer las tareas. Se mandan libros de arte en general, o de artistas identificados por cautivar a los jóvenes. Libros juveniles y de cultura general, de literatura universal e historia. Hay también bibliotecas comunitarias, como el centro cultural Pedro López Elías en Tepoztlán, que acuden a la brigada por bibliografía especializada que beneficie a los usuarios de su comunidad, libros de apicultura o botánica, por ejemplo.
Asimismo, hay gente que llegan con ideas definidas, como grupos de formación social que buscan tratados y textos clásicos sobre marxismo, de instrucción económica, social, antropológica o literaria. Entonces de las cajas y cajas apiladas en los pasillos de la oficina, con un papelito colgado que dice “marxismo”, “socialismo”, “filosofía” o la disciplina que atañe a la causa, Paco, o cualquier integrante de la brigada, va sacando de la caja marcada libro a libro, y decide cuál queda con el enfoque del colectivo, los libros que considera primordiales, otros que son enriquecedores y algunos colados que vale la pena leer: autor por autor, exponiendo el giro del texto, su valor histórico y discutiendo el tema a tratar con aquel que se encuentre cerca, a veces también, observando largamente el libro, como si quisiera no arrancarse del recuerdo que despierta, va acomodando en otra caja vacía, las pilas de libros que se volverán una biblioteca.
La creación de bibliotecas es un trabajo de librero. La clasificación es un proceso de memorias, sorpresas o gritos de ‘caja cuatro’ (la caja destinada a la venta por kilo de papel). A partir de las donaciones se ordenan los libros según su disciplina, tema, edad o idioma: juvenil, de cocina, filosofía, historia de México, policiaco. También se hacen colecciones de contenidos especiales, por ejemplo, Paco, separando libros del Che o Ezra Alcázar rescatando ediciones y autores difíciles de encontrar. Es una labor no sólo física y mental, sino también emocional y de erudición lectora. Son momentos en que la brigada discute sobre autores o libros, que se presta para el debate o la risa, en donde la actitud desenfadada hace llevaderas las incansables jornadas de organización, clasificación y planeación de los libros donados que se desbordan en la oficina de la brigada.
#OperaciónChiapas
A finales de julio del 2018, Paco Ignacio Taibo participó en una reunión con la CNTE (Coordinación Nacional de Trabajadores de la Educación), en donde motivó a los maestros a trabajar arduamente en el aula y se le ocurrió entonces preguntar cuáles comunidades tenían una ausencia de biblioteca con la intención de apoyarlas. Para su sorpresa se levantaron setenta y seis manos, es decir setenta y seis peticiones de bibliotecas, la mayoría para escuelas primarias y secundarias rurales sin acceso a internet. La cuenta de lo necesario para la creación de las bibliotecas sumó alrededor de 15 mil libros. Cada biblioteca debía contener una enciclopedia, un buen diccionario, libros de geografía, ciencias naturales, historia y literatura que suplieran la inaccesibilidad al ciberespacio. Se trazó el esquema de distribución y la estrategia, pues la brigada siendo una organización pequeña y sin fines de lucro, no tenía el dinero para transportar los libros desde la Ciudad de México hasta las comunidades. Entonces comenzó lo que se convertiría en la convocatoria más mediatizada de la historia de la Brigada.
Parte del impacto que ha logrado la Brigada más allá de la Ciudad de México, se debe a su actividad y presencia constante en las redes sociales, en donde comparten todas las actividades que realizan; en su canal de YouTube, donde documentan las conferencias de las ferias y tienen todo tipo de contenido, desde cursos especializados en historia, arte y creación literaria, así como lecturas públicas y comunicados por parte de la brigada. Actualmente tienen millones de reproducciones en el canal y casi alcanzan los 40 mil suscriptores. Este tipo de interacción con la sociedad civil ha creado dimensiones fácticas que de otra manera no serían posible.

En la Feria de la Alameda de agosto, un flujo constante de donadores de libros (foto: Étienne von Bertrab)
Durante el programa #Parahablarenlibertad (un podcast semanal que se realiza en la cuenta de Facebook de la Brigada) previo a la feria la Feria de la Alameda 2018, se lanzó la convocatoria para la donación de libros. Se corrió la voz tanto en medios públicos como independientes y la brigada logró lo inusitado. De recibir en ferias anteriores seis o siete cajas de libros, las donaciones de la sociedad civil rebasaron las expectativas y en los primeros cinco días ya se habían recibido alrededor de veinte mil libros. La cifra siguió creciendo hasta llegar a los 45 mil. Se convocó nuevamente a la sociedad civil, pero esta vez con la intención de que pararan las donaciones, pues no había ya donde contener tantos libros. Lleno el espacio destinado para la recepción de donaciones, se llevaron los demás libros a la Sección 9 del CNTE, donde se organizaron y mandaron la mayoría de las 76 bibliotecas a Chiapas. Una parte del excedente de libros se quedó en la sección 9 y otra se trasladó a la oficina de la brigada.
Eran tantos libros que la oficina colapsó; tantos, que no se podía pasar ni al baño. Durante las semanas siguientes, parte importante del trabajo diario fue acomodar y seguir entregando bibliotecas a cualquiera que estuviera dispuesto a ir por ella. Se recopilaron todo tipo de bibliotecas, tanto generales como especializadas. Bibliotecas de economía, psicología, botánica, libros en inglés y francés, libros juveniles y en sí casi cualquier tipo de libro que valiera la pena ser clasificado. La brigada al hacer un trabajo de esta magnitud, se dio cuenta de que una sola organización no podía gestar la lectura en todo el país, y reafirmó la idea de que esta es una tarea primordial que debe realizar el gobierno, pues también es un elemento fundante de la integridad del ciudadano.
Comentarios finales
La Brigada para Leer en Libertad es un proyecto con una potencia histórica y que reúne tanta gente a su alrededor por compromiso social, que sostienen de manera contundente y constante. Es un engrane fundamental de la noria del pensamiento crítico en México. Le da cabida a escritores, periodistas, intelectuales, ciudadanos y sectores gubernamentales en un mismo tiempo y espacio a partir del libro: integran a la mayoría de la estructura poblacional en el proceso constructivo de la lectura. Su honesto interés por crear y reconstruir un país a partir de una sociedad pensante, es simbolizada desde la estructura asamblearia y horizontal, sin burocracia, sin intenciones de lucro, con individuos comprometidos y transparentes que sin ánimos de perfección trabajan incansablemente por crear lectores. Un grupo de personas que, a partir de sus facultades y diferencias individuales, actúan conscientes de que un cambio verdadero llega con paciencia, lectura y apasionamiento por lo que genera ideas.
Dentro de la brigada cada individuo aporta de manera única y enriquece el proyecto, sin embargo, la familia Taibo-Sáiz destaca en su tarea como conductores de la asociación civil. Esto no quiere decir que la estructura sea vertical, pero sin duda esta familia ha empujado el proyecto en el plano de la presencia pública, dando la cara, siendo ellos los principales voceros y gestores culturales, la punta de lanza del camino hacia un México lector. Paloma Sáiz en su larga carrera de gestora, consiguió posicionarse en un plano menos visible pero necesario del sistema del libro, fue entre muchas otras cosas, encargada de la FIL del Zócalo. Marina Taibo, que ha estado desde el principio del proyecto, se encarga de la organización y lleva la ajetreada agenda de su padre, entre otras muchas tareas que hacen que funcione la brigada. Tanto Paloma como Marina representan una sección menos visible en primera instancia del trabajo que se realiza en la brigada, que va desde las relaciones públicas hasta la gestión de actividades, una labor dedicada a la producción de eventos, trabajo en redes, ferias del libro, contacto con delegaciones y editoriales. Aunque no resulta evidente, es un trabajo imprescindible, un trabajo que se mimetiza y es parte intrínseca de la brigada misma.
Por otro lado, Paco Ignacio Taibo II, un excelente orador y militante incansable de izquierda, escritor e historiador solidario con los movimientos sociales, se ha convertido en la imagen pública de la Brigada. Un escritor que tuvo la capacidad de borrar la línea entre la fama y la gente, que aprovechó esta coyuntura como figura pública para hablar sobre temas que no se discuten en los medios masivos. Generando que la élite intelectual salga de su cueva y se acerque a su público para sembrar dudas y hablar de manera crítica sobre lo que les apasiona. Siempre rindiendo tributo al libro y copiando la función del mismo: crear horizontes, comparar realidades, generar ideas y socializar a partir de la palabra. Un individuo que trabaja a diario y le apasiona el cambio, amante de la Coca-Cola y los cigarros cubanos. Junto con su familia y un grupo de gente cercana han logrado validar un proyecto masivo no tradicional, que funciona y genera cohesión social. A partir de una creencia y una certeza fundada en el pensamiento crítico, la Brigada para Leer en Libertad logra emancipar al libro del oscurecimiento y la penitencia económica.

La silente labor de documentar cada evento. (foto: Étienne von Bertrab)
Daniela Campero, brigadista encargada de la sección editorial me dijo alguna vez que hay gente que con sólo convivir con ella, te hace ser mejor persona, te cuestiona sin directamente tener que preguntar; gente que te sirve de ejemplo cotidiano por su manera de pensar y hacer las cosas, que se salen de la normalidad y resignifican el día a día. Los Taibo-Sáiz son ese tipo de persona.
Nota del autor: Este trabajo se comenzó a documentar antes de la postulación de Paco Ignacio a la dirección del FCE y no tiene ninguna intención propagandista, sino de difusión de la labor que ha gestado La Brigada para Leer en Libertad.

Étienne von Bertrab es maestro en Planificación para el Desarrollo Sustentable (UCL). Ha sido profesor e investigador en México y el Reino Unido. Actualmente es profesor de Ecología Política y Comunicación para el Cambio Social en University College London. Ha colaborado en diversos colectivos de la sociedad civil y fundado varias organizaciones y redes. Su trabajo académico se ha enfocado a entender la producción de la (in)justicia ambiental en Latinoamérica y su activismo a México.